Vino de la sierra para el autoconsumo

Juan Luis

En la sierra el autoconsumo y el trueque forman parte de su economía tradicional. En verano pequeñas huertas de hortalizas jalonando el monte y parcelas de viñas por doquier. Uva tinta y blanca. Muchas familias hacen así su propio vino serreño y con carácter. Me explica Juan Luis Jiménez que antes todo el mundo por aquí vivía de sus almendros, de sus olivos y del huertecillo. Él tiene casi 800 viñas repartidas por diferentes parajes de Tahal, en la sierra almeriense de Los Filabres. Lo hace por hobby, le gusta. Aprendió a hacer vino cuando regresó de Barcelona a finales de los 80.

tinto de Tahal

Los primeros años no le salía muy bien, pero con los años y con el apoyo de su yerno, Sebastián, ha conseguido sacar un buen caldo. Me lo da de probar en su bodega familiar. Llena medio vaso y  pa’ dentro. Juan Luis se lo bebe al tirón y yo tiemblo porque no soy capaz de seguir su ritmo. Se ríe y se golpea el pecho. “¿A qué quema? Es el calor del buen vino”, me dice.

Le contesto que con el frío y con la nieve que cae por estos lares en invierno ese vino debe de entrar muy rápido, pero que ahora la fatiga del calor exige más moderación. Me explica cómo hace el vino, al estilo artesanal. Me muestra el instrumental, pero me pide que no le haga fotos. “Ahora está feo, échaselas cuando empecemos a hacerlo y haya uva”, me pide. En esta sierra la vendimia es tardía, para primeros de octubre.

aperos tradicionalesDespués de bebernos un par de vasos y entrar en calor, calor, me enseña algunos aperos labriegos de antaño y utensilios de cocina de los de antes. Queseras para el queso de cabra – me recuerda al que hacía mi abuela cuando era niño -, ‘pailas’ para las buenas migas, y espuertas de esparto – también mi abuelo las hacía con la habilidad de sus manos -.

bodega familiar

viñas con Tahal al fondo

Juan Luis JiménezPoco más abajo, al sur del pueblo visitamos las primeras viñas. Uva blanca garnacha y tinta, casi toda tempranillo, aunque también ha introducido algunas variedades francesas en los últimos años. Me habla de la sequía y me muestra signos inequívocos del empobrecimiento que sufren las cepas cuando no cae ni gota. Aún así me muestra los goteros. Los usa tanto para las viñas como para los olivos. Pero me comenta que el caudal de su pozo es escaso y que siempre en el riego se queda corto.

gallinas

panorámica vertical

En otro de los parajes en los que tiene viñas me enseña unas gallinas. “No son huevos de industria”, señala, “de tamaño pueden ser parecidos, pero de sabor no. Me como dos huevos y son gloria bendita. Los otros no tienen ningún sabor”.

Supongo que en este hábitat se les puede denominar huevos ecológicos. Juan Luis me dice que el vino también lo es, que todo se resume en machacar y exprimir la uva y beberse lo que de ella sale. Que no lleva nada para alargar su vida útil. Y de tratamientos, solo azufre.

uva blanca

uva tinta

olivos jóvenesEn la segunda de las parcelas también tiene algunos almendros y bastantes olivos. Me lleva a ver los más jóvenes. Son picual. Me cuenta que antes tenía arbequina, pero que a él le daba un rendimiento muy bajo. La picual le funciona mejor.

Al despedirnos me regala una botella de vino para llevármela a El Ejido. “Te la tomas en el mismo día”. Y hago una mueca. “Dos, tres días, no más”, añade. Y nos reímos.

viñas

La Toscana almeriense. Viñedos ecológicos en la sierra de Los Filabres

Raquel con su perro

Hace unos pocos años se pusieron de moda las películas en las que el protagonista huía del mundo urbano, justo antes de su destrucción, a una zona del interior de Italia donde las llamas del infierno no podían alcanzarlo. Era la región de la Toscana, un lugar en la Tierra que emularía al paraíso literario y donde las zarzas eran viñas de vino, que daban la vida y una segunda oportunidad para disfrutarla.

Estos días de primeros de agosto he conocido un lugar similar o más bien cómo una familia ha transformado un monte, antes preñado de almendros abandonados y ahora convertido en su tierra prometida. Raquel tiene 30 años y lo primero que se me ocurre al verla es preguntarle qué hace allí. Me contesta que le gusta aquello, que le encanta, enfatiza. A los pocos minutos de conversación descubro que es también de El Ejido, del barrio de La Loma de La Mezquita. Cualquiera que haya conocido la sierra de Los Filabres y el Poniente almeriense sabrá que son dos mundos opuestos.

Panorámica de los viñedos

Paseo con ella por los viñedos. Son más de 5 hectáreas de diferentes añadas puestas en un paraje, llamado La Tejera, que tiene un entretenido acceso por la estrecha carretera de Los Chopos, en una de las gargantas del municipio de Tahal. Su hermana, Patricia López Peña, es la enóloga; pero hoy no está allí. Está en la ciudad, en Almería. Se me antoja muy lejos, aunque apenas hay una hora de camino en coche.

Raquel López Peña

Escucho con atención, mientras Raquel me explica que su familia también proviene de los invernaderos – sus abuelos fueron de aquella primera generación – y que hace unos pocos años, en compañía de sus padres, conoció estos parajes casi de casualidad. Fue un domingo. Y les inspiró tanto esta tierra que decidieron quedarse aquí. Después compraron derechos históricos de viñedos, pusieron los primeros de uva tinta, y tras distintas pruebas y ensayos este año esperan tener la primera gran vendimia.

uva tinta

Todo es ecológico. Hay tempranillo, cabernet sauvignon, cabernet franc, syrah y merlot. Confían llegar en unos meses, una vez finalizada la vendimia que en esta zona se concentra entre finales de septiembre y comienzos de octubre, a las 15.000 botellas de tinto.

“¿Cómo queréis venderlo?”, le pregunto. Y me responde: “Nos encantaría que pudieran venir aquí los propios clientes, hacer con ellos catas, pasearlos por nuestras viñas rodeados de un paisaje singular como el que aquí hay. Además podemos ofrecerles rutas a caballo y dentro de poco esperamos que también alojamiento rural. Nos acaban de conceder las licencias para construir”.

Y entonces Raquel me descubre con sus palabras que detrás de estas viñas hay mucho más que vino. Un proyecto que une turismo rural, con deporte activo y amor a la naturaleza en un espacio casi único.

cartel indicativo

El problema está en cómo llegar hasta esta garganta de Los Filabres sin perderse. Así que saltándome la norma de no poner teléfonos en los artículos, le hago aquí cobijo al móvil de reservas para cualquier lector que quiera conocer este lugar: 685 06 31 74 Y el correo electrónico: raquelfortalezadetahal@gmail.com La chica me cae bien, y el entusiasmo de su proyecto de vida consigue transmitírmelo. Así que no tengo que explicar más.

Embotelladora   Bodega   Cubas de vino

Denominación Desierto de Almería

La finca y su vino comparten el mismo nombre. Fortaleza de Tahal. Este pueblo, cabecera de esta sierra, tiene categoría de villa, ya que los Reyes Católicos hicieron parada en él durante varias noches camino de Granada. Durante la Reconquista. Así que Tahal tiene mucho de fortaleza. Incluso un castillo (para los que no conozcan esta localidad).

Este caldo de uva tinta ecológica, dentro de la denominación de vino del ‘desierto de Almería’, no lo podréis encontrar en hipermercados ni supermercados. A parte de en la propia bodega, solo se distribuirá por las pequeñas tiendas de la comarca. Lo que se conoce como comercio de proximidad. Pero si visitáis in situ la bodega, tal vez os encontréis también con algunas cabras. Raquel me dijo antes de irme que quería comprar unas pocas.

¿Existe o no la Toscana almeriense?

rutas a caballo   clases de equitación a niños

Manolo

Posdata: Manuel es tío de Raquel.

Viñedos en terraza

Sobrina y tío