El Raf de los Filabres se llama Blanco Macael. Bajando a las canteras

Ana Rubio

Las canteras son otro sector primario que nace de la tierra. Agricultores y marmolistas tienen ese mismo vínculo en común. El maná de ambos brota del suelo, se extrae en forma de piedra natural o se cultiva mimando esa planta de tomate o de pimiento que da la vida. Como bien sabéis llevo rastreando este mes de agosto otras formas de vida, vinculadas al terruño. Otras actividades económicas en el hábitat rural, y ya que estoy recorriendo el interior de la provincia de Almería hay una zona de obligada parada: las canteras de Macael y su entorno, ubicadas en la sierra de Los Filabres.

Maquinaria en la canteraAna y yo hemos visitado una de las canteras de las que se arranca la piedra más singular de la comarca, el conocido ‘Blanco Macael’, que aseguran que es único en el mundo. En Italia, en Carrara que es otra zona de extracción de piedra natural, hay otros blancos, pero diferentes y con otras prestaciones. En este sector almeriense todo el mundo presume de la calidad sin igual de su ‘Blanco Macael’.

José Mula

Es la cantera de José Mula, retratado en su entorno de trabajo. Nos cuenta que demanda hay, pero que el problema está en la oferta. Se pide más ‘Blanco Macael’ del que se puede servir al mercado. Una vez que se saquen las vetas que están a la vista, para llegar a otras hay que profundizar más. Me recuerda el tema del agua y de la profundidad de los pozos y el sobrecoste de ahondar más en ellos.

Oro Blanco de MacaelJosé nos dice que aún hay ‘Blanco’ Macael para muchos años, varias décadas incluso. Sin embargo, no habrá para siempre. Observo las montañas, veo sus cortes, el equilibrio que hace la maquinaria para estar bien sujeta al suelo y no precipitarse por los desfiladeros que tengo enfrente y siento vértigo (…). Y me imagino a todos esos trabajadores, canteros esculpiendo la roca que luego servirá para adornar ricas casas y obras civiles de los países que sortean la crisis. Son las 7 de la tarde y a las 5,30 se fueron los peones de la mina. Solo quedamos el propietario, Ana y servidor. Y algunas cabras montesas que bajan en ese momento a beber agua a un pequeño manantial que hay cerca de la carretera.

Cabras montesas

Cantera Blanco Macael

El empresario nos describe cómo la crisis de la construcción ha arrastrado a la economía de la comarca. Se han cerrado demasiados talleres y se ha vendido mucha maquinaria, gran parte de ella a Marruecos. Los impagos han sido la principal causa que ha acabado con las compañías que han parado su actividad. Así que es un momento complicado el que vive este sector. Otras canteras vecinas están detenidas, a la espera de mejores tiempos.

Pasos en la cantera

Parque fotovoltaicoContinuamos el camino y llegamos a la escombrera ‘El Pozo’ de Macael, donde aparece un huerto fotovoltaico, polémico hace unos años por su ubicación. Torcemos a la izquierda y subimos por una estrecha carretera hacia un bonito mirador. A la derecha queda una gran cantera de Cosentino, con grandes bloques también de blanco. Con ella acabo este fugaz retrato hecho al otro pilar de la economía primaria de Almería, el mármol. Para otra ocasión espero ver algo de verde y amarillo Triana, ambas piedras de sobresalientes calidades en esta sierra.

Cantera de Cosentino

Cosentino. Lecciones para la agricultura

El profesor José Ángel Aznar, de la Universidad de Almería y buen conocedor de la realidad del campo, daba una charla recientemente en el Maestro Padilla de Almería con motivo del acto del 70 cumpleaños de la CASI, ¿recordáis el post sobre la exposición fotográfica en la que se retrataban varias generaciones de productores unidos al tomate? Pues bien, en esa jornada José Ángel Aznar hizo una ilustración sobre la evolución y crecimiento de la mayor empresa de Almería, Cosentino, convertida hoy día en multinacional en continuo ascenso. Creo que es más que pertinente publicar ahora este tema, que lo tenía en reserva, porque se pueden sacar algunas lecciones extrapolables a los invernaderos.

Estatua homenaje a los agricultores

A principios de los 90 Cosentino, como todas las empresas del mármol de la comarca de Macael, centraba su actividad en cubrir el suelo y las paredes. Trasladado al sector agrícola, es como si las empresas almerienses se dedicasen únicamente a llenar camiones de frutas y hortalizas y enviarlos a Europa. Cosentino se dio cuenta de que necesitaba algo más para diferenciarse de la competencia, un valor añadido. Así que inventó el Silestone, producto bien conocido en todo el planeta y que recubre las encimeras de cocina de millones de hogares. Así que no basta con fletar camiones de tomate y pimiento, sin más; hay que calentarse la cabeza y crear algo de un valor superior. O se busca un producto con plusvalor, por el que se pague más dinero (como ocurre con el Silestone) o nuestras hortalizas seguirán siendo lo que son, commodities, es decir, productos de conveniencia por los que se paga poco.

La clave del éxito de Cosentino está en ofrecer un producto de calidad y diferenciado, amén de reinvertir constantemente en I+D. Subrayo lo de invertir y reinvertir porque no es un gasto, sino una obligación para no caer en el estancamiento.

¿Qué productos de nuestro campo pueden ser el Silestone de la agricultura? Indudablemente el RAF, las nuevas especialidades de tomate y pimiento, tal vez el pepino mini, algunas sandías y melones… Es cuestión de rascarse la cabeza para no vender solo un alimento básico: hay que pensar en términos de salud, sabor, estética… Por ejemplo, ahora Única Group ha lanzado una judía verde más oscura, más ancha y carnosa y que comercializa en exclusividad. Ese es el camino. En todos los estudios de Cajamar se aprecia cómo cada año el valor real que se paga por las hortalizas no sube, sino que incluso a veces baja (quitando la inflación), es decir, que las verduras en 2015 se pagan a los mismos precios reales que había en la década de los 70. Por eso, hay que sacar a las hortalizas de los commodities para ponerlas en las estanterías de los artículos de valor. Por los que se paga un precio superior.

Pero Cosentino no se quedó apalancado en su Silestone. Le introdujo mejoras, así que años después presentó el Silestone antibacterias (producto único) y más recientemente un nuevo concepto, ‘Dekton’, donde hay otros reclamos y cualidades, relacionados con el buen gusto por la decoración y la arquitectura.

Todavía hay más. Cosentino se marcó otro reto, sobre el que tal vez deberían de reflexionar las comercializadoras hortofrutícolas: controlar el canal de distribución. Con el siguiente ejemplo basta para entender la idea. Cosentino entró en Estados Unidos con una filial, de la mano de un socio local. Transcurrido cierto tiempo le compró las acciones al socio estadounidense, de modo que su capacidad de decisión y de gestión creció, quedando sus manos sin ningún tipo de atadura. Gracias a esto pudo después abrir sus propios almacenes en Estados Unidos (y en el resto del mundo), los llamados ‘Cosentino centers’. Ahora bien, hagamos el paralelismo con las cooperativas, SAT, SL y SA de nuestro campo, ¿podrían crecer en destino y así controlar parte de ese mercado para lograr un mejor reparto de la riqueza de la agricultura?

Y por último el ‘Cosentino City’, dentro del concepto ‘Dekton’, es la más reciente apuesta de la multinacional de Cantoria – su sede central sigue estando en la comarca de las canteras -. Espacios en el centro de las ciudades más importantes dirigidos a arquitectos y decoradores. Se me ocurre que en esas capitales también podrían abrirse las fruterías más selectas del mundo de los alimentos, ¿o es un disparate?

Dicho todo esto, creo que el modelo de Cosentino está basado en la unidad de todo un sector como el del mármol en Almería, donde las divisiones entre los empresarios son menores y la colaboración máxima. Sin embargo, en las frutas y hortalizas los proyectos más innovadores están aislados, son promovidos por empresas individualmente y no por el sector en su conjunto. Aún con todo, creo que de esta comparativa se pueden extraer algunas conclusiones más que valiosas.

Filabres

Posdata. La primera imagen es de la escultura en homenaje a los hombres y mujeres del campo almeriense, que hay en San Agustín (El Ejido, Almería). La segunda es de la sierra de los Filabres, de cuyo corazón se extrae el mármol de la provincia de Almería.