Aguacates y tomates en la Axarquía malagueña. El turismo arrincona a los agricultores

Nerja

Debajo de la palmera izquierda de la imagen superior, entre los destellos del sol cayendo sobre el Mediterráneo, está el famoso mirador de la serie Verano Azul. Una silueta conocida por varias generaciones de españoles. Lo que se ve al fondo es Nerja. Entre medias invernaderos. Cada vez menos. En este pedazo del campo español el ladrillo sigue vivo y hace retroceder a los agricultores convertidos casi en urbanitas entre nuevas promociones y la promesa de los gurús de la economía malagueña que pronostican que los millones y millones de nuevos turistas que vendrán traerán maná para todos. Es la costa del sol.

Maro

Si me giro y me doy la vuelta, sigo viendo invernaderos; pero en dirección contraria. Esa costa, que serpentea con el tapiz de azules de tarde llegando a su fin, conduce hasta el litoral de Granada. Lo conté ayer. Pero mi viaje ha proseguido hasta la vecina Málaga. Estoy en Maro, la primera localidad que da la bienvenida a la Axarquía malagueña.

patatas Maro

En este pequeño pueblo hay bastantes huertos de patatas, como se observa en esta instantánea donde un caseron con palmeras preside una privilegiada vista del mare nostrum. Más a la derecha, pero fuera del plano, veo un pequeño huerto con plataneras. Me sorprende, aunque en realidad sigo en la costa tropical, denominación que hermana a la costa que une las provincias de Granada y Málaga.

aguacates e invernaderos

Por aquí hay mucho aguacate. Cruzo Nerja, con variopintos invernaderos abandonados, y los que se mantienen se vislumbran como islas de blanco España, refulgentes sus plásticos al sol de enero. El siguiente pueblo es Torrox, donde conviven los cultivos de aguacates con los hortícolas de invernadero.

Me comentan que en Torrox Costa los invernaderos cercanos al litoral ya no están. ¿Qué hay ahora? Casas, pisos, ladrillo. Los jubilados del norte de Europa se han transformado en nuevos malagueños que quieren tener la playa cerca y a los que no les gusta la estética de esos plásticos, tan ajenos y extraños para su cosmovisión de la belleza. Incluso los almacenes de suministros agrícolas son sustituidos en Torrox por tiendas de jardinería (garden), la agricultura profesional queda arrinconada. El campo se ha transformado aquí para algunos en un hobby, pequeños huertos para el deleite de quienes quieren tener sus dos matitas de tomate y sus tres cebollinos.

Finalmente llego a El Morche. Me meto hacia el interior y encuentro una pequeña concentración de invernaderos. Esto se parece un poquito más a Almería. Respiro más tranquilo. El ambiente me resulta familiar.

El Morche

Subo por un camino sin asfaltar y sigo unas indicaciones que me conducen a una corrida. Tengo interés por ver aquí el funcionamiento de una subasta. Nada más llegar, me asombra la fachada de la alhóndiga. Está llena de adornos, casi folclóricos. Es la casa de un particular. El dueño. José Luis Salvatierra.

Fachada de la corrida

Doy la vuelta a la manzana y entro en el almacén. La subasta ya ha terminado. Están con las partidas.

tomates

Me paro con un agricultor. Me dice que tiene el invernadero enfrente. Con tomates. Hoy los ha vendido a 0,74 euros. Le pregunto por la juventud. Me dice que los jóvenes no quieren saber nada de los invernaderos. Me mira pasmado porque no está acostumbrado a que nadie con libreta y cámara la haga tantas preguntas sobre su trabajo. Le digo que soy periodista, periodista agrícola. Se extraña. En Málaga parece ser que a los periodistas solo les preocupa el turismo.

subasta Hermanos Salvatierra

José Manuel se llama esta agricultor del Morche. Al final no lo retrato porque se va con prisa. Me pongo a recorrer la subasta y veo patatas, cebollas, muchas calabazas, un poco de pepino tipo Almería y calabacín, pimiento dulce italiano, california rojo y amarillo, tomates de varias tipologías y aguacates.

pimientos y aguacates

Después me dirijo a la pizarra. Destaca el buen precio del calabacín, sobre 1,65, y el paupérrimo del pepino. Os estoy hablando del pasado sábado 10 de enero.

pizarra

Según me comentan después, el producto con un precio más estable y continuado en el tiempo es el aguacate. Antes de marcharme voy al bar de la subasta. Lo regenta el propio dueño de la alhóndiga, José Luis Salvatierra. Me explica que en su tiempo era exportador, pero que ahora el negocio se ha reducido al mercado doméstico, Mercamadrid y Andalucía principalmente. Lleva una vida más tranquila. En la zona, junta a la suya, hay otras tres corridas. Cuando me habla de volúmenes me doy cuenta de que aquí los agricultores han quedado arrinconados por el turismo.

Me quedo a comer porque son más de las tres. Hay un menú por solo 8 euros muy completo, que incluye de segundo la típica fritura malagueña de pescado. Tras dar buena cuenta de ello, me despido hasta la próxima, que la habrá. Y continúo unos pocos kilómetros hasta el límite costero con Vélez-Málaga. Es el punto final. Después regreso, rumbo a Almería. Lo hago por el litoral para aprovechar las vistas de la vieja nacional, hoy día casi sin tránsito porque los automovilistas (siempre con prisa) se han pasado masivamente a la autovía.

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Un tomatero valenciano entre naranjos. III parte

Diego Pastor era un empresario del mundo de la construcción de la Comunidad Valenciana. Antes. Ahora ha cambiado el ladrillo por el tomate. Rodeado de naranjos se levanta su invernadero de arco de 5.000 metros cuadrados. Es el único que hay en la zona norte de la provincia de Valencia.

Diego Pastor

Dice que si le va bien este primer cultivo bajo plástico, más adelante lo llevará a la calle. Es algo que me llama poderosamente la atención cada vez que salgo de Almería para conocer otros modos de producción: la insistencia de trasladar al aire libre lo que está bien cuidado bajo abrigo. Siempre he dicho que soy un defensor de los invernaderos. Un defensor convencido. A nadie se le ocurriría vivir en la calle pudiendo habitar un piso o una casa. ¿Acaso a las plantas no les ocurre lo mismo? En el invernadero se las mima, se las protege de las inclemencias meteorológicas, también del ataque de plagas y se las cría en condiciones óptimas. A veces ideales. Así que la propensión a la calle se debe a razones de índole estética, incluso cultural. Sin olvidar los rendimientos, ya que la productividad en el cultivo bajo abrigo es bastante superior a aquella en la que la planta está desprotegida.

Dicho esto, os paso a mostrar algunas imágenes de esta pequeña explotación que viene a ser una isla blanca en mitad de un océano verde de clementinas y naranjas.

Pastor hizo el trasplante a mediados de septiembre, comenzó la recolección en diciembre y espera llegar hasta el mes de abril-mayo.

tomate corazón de buey

El tomate es de la tipología corazón de buey, muy apreciada en las regiones de la cornisa cantábrica, como Galicia. Sin embargo, los tomates de esta explotación miran más a Europa. Diego Pastor los produce y Vicente Bayona (en la imagen inferior) es quien los comercializa a través de su empresa, Bayer Overseas.

Comento que viajan fuera de España, sobre todo a Francia y Suiza, porque Bayona es un exportador nato.

Bayonainvernadero valenciano

Vicente me explica que esta finca de tomate es un ensayo. Si el cultivo sale bien durante esta primera campaña, la idea es ir ampliando desde la media hectárea actual hasta llegar a las diez hectáreas en los próximos cinco años. Añade que este proyecto quiere hacerlo “con variedades autóctonas, no con híbridos”.

Vicente ya trabaja desde hace cuatro años con un productor almeriense que le ha estado suministrando desde Adra esta tipología de tomate, y a partir de ahora desde Campohermoso. Su proveedor de Almería cultiva trece hectáreas, entre corazón de buey y tomate de coser. Ése del pan tumaca. Y volvemos a lo de siempre. La mayor parte del tomate que los catalanes usan para restregar el pan con aceite no proviene de Cataluña. Sencillamente porque no hay suficientes tomates allí para satisfacer la demanda local.

Dos modelos: un campo gobernado por el capital de los grupos de inversión o por el trabajo callado de la agricultura familiar

Hombres y mujeres de Almería, agricultores altivos, decid en el alma, ¿quién, quién levantó los invernaderos? No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, ni el capital del ladrillo siempre especulador que ahora quiere entrar en vuestro campo, sino la familia callada, el trabajo y el sudor

Unidos al agua pura y a los planetas unidos, familias enteras de agricultores obraron el milagro y dieron forma a vuestro mar de plástico

Levántate, labrador cansado, que tu obra desde Adra hasta Roquetas, pasando por Berja, Dalías, Vícar, La Mojonera o El Ejido es la única visible desde el Espacio

Hombres y mujeres de Almería, agricultores altivos, decidme en el alma ¿quién quién amamantó vuestras fincas heradadas del parral?

Vuestra sangre, vuestra vida, no la del nuevo inversor y especulador que ahora quiere enriquecerse en la herida generosa de vuestro sudor

(…)

Imagen

Solo he tenido que reescribir algunos de los primeros párrafos del poema “Aceituneros”, de Miguel Hernández, para describir lo que está sucediendo en este momento en nuestro campo. La sombra que señalaba en el siglo pasado el poeta alicantino es la misma que acecha hoy día al modelo agrícola del sureste peninsular, desde la costa de Granada hasta Murcia. Como los buitres carroñeros antes de hincar el diente están ahora los grupos de inversión estudiando cómo inyectar su dinero sobrante en estas provincias para levantar nuevos invernaderos bajo el patrón especulativo con el que hasta hace cuatro días construían promociones inmobiliarias por todo el país. Ladrillos y más ladrillos que serían parte de nuestra crisis actual y la ruina para millones de españoles. Había otro poeta universal, el gaditano Rafael Alberti, que ante chupadores de sangre de esta calaña decía aquello de “a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar”. Y es que a todos los especuladores del dinero ficticio, esos que buscan oportunidades de negocio por todo el mundo para explotar las economías locales y acabar con el sustento de miles de familias, los echaba literalmente al Mediterráneo para que allí sobreviviesen con sus burbujas de aire.

¿Por qué narro todo esto? Porque tengo que contaros una buena noticia. El paisano Emilio Galdeano, un ejidense que siente un sincero amor patrio por el ‘modelo Almería’ – en el que nació y se crió – ha organizado unas Jornadas Internacionales de Agricultura Familiar, que se desarrollan hoy y mañana en la Universidad de Almería, en la que es profesor de Economía Agraria. Dichas jornadas abordan la importancia de la agricultura familiar en el contexto de globalización actual y ponen como buen ejemplo nuestro modelo de agricultura intensiva, basado en el quehacer de nuestros abuelos y padres. Anoche estuve con los ponentes y el resto de organizadores, a los que retraté en la plaza de la Catedral. Emilio con su mujer; el amigo Jesús Hernández, también del departamento de Galdeano; Tomás García Azcárate, asesor agrícola en la Comisión Europea; Juan Colomina, gerente de Coexphal, y Cynthia Giagnocavo, directora de la Cátedra Coexphal; Raúl Compés y José M. García, ambos profesores de la Universidad Politécnica de Valencia; Laura Lorenzo, coordinadora del Foro Rural Mundial; y Michael Cook, de la Universidad de Missouri, Estados Unidos.

Mañana viernes podéis asistir a las sesiones de la segunda jornada desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde en el Paraninfo de la Universidad de Almería. Mi enhorabuena a todos aquellos que centran el debate en la buena dirección, esto es, no olvidar que la agricultura familiar está en la base del desarrollo de cualquier sociedad.

Invernaderos sí, pero gobernados por agricultores, no por ricachones a los que les sobra el dinero. ¡Qué lo repartan a los pobres, si no saben qué hacer con él; pero que no exploten nuestro modo de vida!

Del boom inmobiliario al boom agrícola. ¡Y tiro porque me toca! Fiebre…

Cuidadín, cuidadín, que las gallinas con huevos de oro tienen un límite. Exprimirlas lleva al desastre. El ladrillo ya sirvió de ejemplo de lo que no hay que hacer. A las constructoras e inmobiliarias dedicadas desde siempre a ese negocio les surgieron miles de nuevas inmobiliarias y constructoras advenedizas, en un país en el que todos nos volvimos locos y abducidos por un falso Dios llamado vivienda, y solo la crisis nos devolvió los pies al suelo. La línea roja de la cordura se sobrepasó y las consecuencias son bien visibles.

Pero ahora, desde hace ya varias campañas, se vive una nueva fiebre en la construcción y alquiler de fincas agrícolas.

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Si con el boom inmobiliario se abandonaron miles de invernaderos en Almería, ahora la mayoría se han recuperado y a diario se levantan nuevas estructuras en los pocos terrenos baldíos que aún quedaban, por ejemplo, en el Poniente. Nunca en Almería había habido tanto plástico, siempre he sido un defensor del modelo, pero ojo, no nos volvamos locos que quizá no haya mercado para tanto.

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La actual crisis de precios es una bofetada de realidad. Aunque mejoremos nuestras estructuras y lleguemos a producir los doce meses del año, incluso más kilos por metro cuadrado, las pizarras de precios no van a mejorar sus cotizaciones. Es evidente que si aumentamos más la oferta, más difícil será vender nuestras verduras. Esta gallina de huevos de oro está ya madura. Solo se le puede dar más aire para que respire mejor abriendo nuevos mercados fuera de Europa, y mejorando nuestra comercialización. Son dos asignaturas pendientes desde hace años, pero no vislumbro otra salida.

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Si el calor ha adelantado esta primavera las producciones europeas, España queda fuera del mercado. Habrá que venderles hortalizas a otros consumidores nuevos, no empeñarnos en apretar más aún el embudo de botella. Almería es competitiva en Europa de octubre a abril, ¿qué hacemos de mayo a septiembre? ¿Vender a low cost? Hay un ente que se llama Hortyfruta que me imagino que se dedicará a buscar alternativas a este callejón sin salida, ¿o no?

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Mientras tanto muchos de los que fueron expulsados del sector de la construcción encuentran ahora cobijo en los invernaderos. No hay otra cosa en Almería, incluso quien en su día despreció la agricultura intensiva está ahora por pura supervivencia y oportunismo intentando vender lo que sea en este campo. Aunque sea humo. No me refiero ya a los constructores e inmobiliarios llegados del ladrillo que han levantando muchos de los nuevos invernaderos que jalonan toda la provincia, sino a otros profesionales liberales que de repente empiezan a hablar de este sector. Este inusitado interés por el agro ha sido una auténtica cura de humildad para quienes miraban hacia el bancal con desdén.

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La parte bonita de esta historia está en los curritos. Conozco a muchos jóvenes y a parejas – de entre 25 y 35 años – y con hijos que han alquilado una pequeña finca, que el propietario tenía abandonada, y que han empezado a trabajar como hacían nuestros padres y abuelos, viendo en el invernadero una oportunidad para prosperar, no para especular. Así que esos nuevos agricultores están recuperando aquel concepto del ‘modelo familiar’; pero al mismo tiempo empresarios de otros sectores están creando nuevas estructuras (por lo general las más tecnificadas) y fincas (de gran tamaño) con otro concepto de agricultura. Ambos trenes contrapuestos conviven hoy día debajo de esas más de 30.000 hectáreas protegidas que hay en Almería. No hay lugar en el mundo con mayor concentración de invernaderos por metro cuadrado.

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La PAC, la Política Agraria del Capital o cómo recaudar fondos para las fincas de terratenientes con domicilio social en la calle Serrano

¡Qué poco serios son nuestros políticos! Y me quedo corto. Resulta que el Ministerio que dirige el señor Cañete ha creado un ‘comité de sabios’ para pulir la próxima PAC, Política Agraria Comunitaria, que a tenor de lo explicado hoy en rueda de prensa por la Unión de Pequeños Agricultores bien podría llamarse Política Agraria del Capital. La secretaria provincial de UPA-Almería, Paqui Iglesias, lo dice bien claro: “Esta PAC beneficia en exclusiva a las grandes fortunas, como la Casa de Alba que solo de sus tierras en Andalucía recibe 2,5 millones de euros, o a señores como Mario Conde, o a las constructoras que han hecho blanqueo del dinero de la burbuja inmobiliaria con la adquisición de tierras, en definitiva a empresas que tienen su domicilio social en la calle Serrano de Madrid. Eso no es vertebrar ningún medio rural”.

PaquiUPA

Y es que la PAC está basada en un contrasentido: pagar por derechos históricos, al margen de la productividad de las tierras. No se cobra en función de lo que se produce ahora, sino según lo que se tuvo en el pasado.

En España hay 910.000 beneficiarios de la PAC, de ellos 400.000 perciben menos de 5.000 euros. Sin embargo, el señor ministro Miguel Arias Cañete, conocido latifundista de Andalucía Occidental, baraja la idea descabellada de eliminar las ayudas inferiores a 1.000-1.500 euros; aún tiene que concretar el techo por abajo, pero ya ha dicho a los interlocuotres del sector que es poco dinero y que con esas cantidades no se va a ninguna parte. Me ahorro los descalificativos, le quita una migaja de pan al pobre para dársela al rico porque resulta que sí quiere poner un límite por abajo, pero no un límite por arriba. Las organizaciones agrarias propusieron que se eliminasen las ayudas superiores a 300.000 euros para hacer un reparto más equitativo de los fondos, pero el señor Cañete dijo que no. Eso sí, a los pequeños agricultores que reciban por debajo de 1.000 euros les va a hacer un drástico recorte. Los va a dejar sin nada, salvo que recule él y la propuesta que tiene puesta sobre la mesa.

¿Y para que servirá ese ‘comité de sabios’?, me preguntó. ¡Qué ridículo nombre! Dice Paqui Iglesias, aparece en la fotografía acompañada de una vaca como guiño a los sectores norteños de la PAC, que en ese grupo de amigos del ministro solo hay políticos, y ni un solo representante de cooperativas ni de organizaciones agrarias. Añade Paqui que ninguno de esos ‘sabios’ tiene idea del sector agrario.

Posdata: Otro día hablaré de la enésima patada que la Política Agraria del Capital le ha dado al segmento de las frutas y hortalizas. Después del fiasco se habla otra vez de la OCM única de fyh. ¡Amén!

Repudiaron la agricultura con el ladrillo y ahora llaman a la puerta del campo / They condemned agriculture with the brick and now they are knocking on the door of the land

Llevo unos dos años documentando – con numerosísimos testimonios con nombre y apellidos – esta información que nunca hasta ahora me había decidido a escribir. Sin embargo, hace unos días leí la siguiente noticia: “Freshuelva dice que da prioridad a la mano de obra local”. Y pensé: ¿es bueno o es malo? Así que me convencí de que era el momento de poner sobre la mesa una cuestión polémica, que es la que a continuación describo.

I have been about two years documenting – with very numerous testimonies with names and surnames – this information that never before had I decided to write. However, a few days ago I read the following news: “Freshuelva says that it prioritizes the local workforce.” And I thought: ¿is that good or bad? So I was convinced that it was time to put on the table a controversial issue, which is what I describe below.

Durante el ‘boom’ inmobiliario se produjo una masiva huída de trabajadores del campo hacia la construcción y sus subsectores auxiliares. Fue de tal magnitud este éxodo rural que los agricultores se encontraron sin mano de obra. Ocurrió en Murcia, en Alicante, en Almería, en la costa de Granada, en Málaga, en Huelva, en las Islas Canarias… ¿sigo? Los empresarios agrícolas españoles tuvieron que echar mano, nunca mejor dicho, de la contratación en origen. Se organizaron viajes a Europa del Este, al norte de África, incluso se trajeron trabajadores del otro lado del Atlántico, y los campos vacíos volvieron a llenarse de jornaleros. Los españoles no querían la agricultura. Así de claro. Algunos incluso la repudiaban y se avergonzaban de estas labores. ¿Acaso no es cierto?

During the real-estate ‘boom’ there was a massive flight of workers from the countryside to the building industry and its auxiliary subsectors. This rural exodus was such that farmers found themselves without workforce. That happened in Murcia, Alicante, Almeria, on the coast of Granada, Malaga, Huelva, in the Canary Islands … still? Spanish agricultural employers had to get a hold, literally, of the recruitment in origin. They organized trips to Eastern Europe, North Africa, even workers were brought across the Atlantic, and the empty fields filled with laborers again. Spanish people did not want agriculture. That is the truth. Some even condemned and were ashamed of this work. Is it not true?

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Pero el ladrillo no dio más de sí y explotó. “¿Y ahora qué?”, pensaron algunos tras la hecatombe del ‘vellocino de oro’. La crisis les ha obligado a tragarse el orgullo y a pedir ahora trabajo de peón agrícola. ¿Pero qué ocurre? Que ya están ocupados todos esos puestos por inmigrantes que no hicieron ascos a una faena tan digna como la del campo. ¿Y qué hace el empresario agrícola? ¿Echa a los empleados que le han acompañado durante todos estos años para colocar a un español, la mayor parte de las veces sin experiencia en este sector? Durante estos dos años en los que he estudiado este asunto he comprobado que el agricultor, como norma, mantiene a sus trabajadores extranjeros. ¿Acaso no es lo más lógico? Ocurre en Gran Canaria con los rumanos que trabajan en los invernaderos o también en Almería con los inmigrantes marroquíes o subsaharianos. Siguen conservando sus trabajos, y cuando no ocurre así es por motivos distintos a la nacionalidad.

However, the brick did not give itself over and it exploded. “And now what?”, some people thought after the disaster of the ‘Golden Fleece’. The crisis has forced them to swallow their pride and to ask now for farmhand’s work. But, what is happening? All these posts are already occupied by immigrants who did not turn their nose at a work as dignified as the one that farmers do. And what does the agricultural entrepreneur do?   Does he fire the employees who have accompanied him throughout the years to put a Spanish person, most of the time without experience in this sector? During these two years in what I have studied this issue, I found that the farmer, as a rule, keeps its foreign workers. Is it not the more logical thing? It happens in Gran Canaria with Romanians working in greenhouses or even in Almeria with Moroccan and Sub Saharan immigrants. They still keep their jobs, and when they do not that is for reasons other than nationality.

Sin embargo, hay quien critica a los agricultores por no darles trabajo, “siendo nosotros locales”, – esgrimen indignados -. Estos autóctonos, en algunos casos, afirman que los agricultores prefieren a los inmigrantes porque les pagan menos. Gran falacia de quienes nunca han puesto un pie en un invernadero.

However, there are people who criticizes farmers for not giving them work, “since we are local”, – they put forward outraged -. These natives, in some cases, state that farmers prefer immigrants because they pay less to them. Great fallacy of those who have never set foot in a greenhouse. 

La crisis acaba con el fantasma del relevo generacional en la agricultura / The crisis finishes with the ghost of the generational change in agriculture

Los invernaderos se iban a quedar vacíos antes de la crisis del ladrillo. El relevo generacional era el mayor fantasma del campo. Parecía que ya nadie quería trabajar bajo el plástico y que los hijos de los agricultores iban a dejar las explotaciones de sus padres a merced de que el urbanismo galopante recalificase los terrenos para convertirlos en nuevas promociones. La gallina de los huevos de oro se llamaba construcción. Era casi como un Dios, y todo el mundo quería convertirse.

Greenhouses were going to be empty before the crisis of the brick. The generational change was the oldest ghost field. It seemed that nobody wanted to work under the plastic any more and the farmers’ children were to going to leave her parents’ farm at the mercy of a rapidly advancing urbanism that would authorize a change of land to turn it into new promotions. The goose that lays the golden eggs was called construction. It was almost like a God, and everyone wanted to embrace it.

Pero la gallina dejó de poner y el dios menor no dio más pelotazos. El colapso económico devolvió a la realidad. Y puso los pies en el suelo. Entre sus múltiples efectos, el retorno a lo que casi nadie ya quería. Ocurre en España, pero también en otros países mediterráneos como Italia. En el caso de Almería, la principal zona hortícola de Europa, hay muchos jóvenes titulados universitarios que han regresado al invernadero. Los hay a pie de finca, pero también en los almacenes y en las numerosísimas empresas de la industria auxiliar.

But the hen stopped laying eggs and the lesser god did not give more hits. The economic collapse got it back to reality. And it put its feet on the ground. Among its many effects, the return to what almost nobody wanted any more. It happens in Spain, but also in other Mediterranean countries like Italy. For Almeria, the main horticultural area of Europe, there are many young graduates who have returned to the greenhouse. They are in the own farm, but also in the stores and in the numerous companies of the auxiliary industry.

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Algunos por obligación, ya que el mercado laboral expulsa constantemente a ingenieros, topógrafos, arquitectos o informáticos, ¡no hay trabajo!, en resumen; pero también por devoción. Es el caso de Jorge – que aparece en la fotografía -, un joven balermero (Almería, España), titulado en Sociología y máster en Agroecología por una universidad andaluza. Jorge ahora está realizando una tesis doctoral sobre las posibilidades de la agricultura ecológica en el cultivo bajo plástico. Y al mismo tiempo quiere ponerlo en la práctica en su propio invernadero. Quiere hacerse agricultor. Me comenta que está muy ilusionado y que acaba de echarle el plástico, con la ayuda de su novia, a media hectárea en la Albufera de Adra (Almería, España). Suerte amigo, tú has sabido comprender lo que describían los antiguos aristotélicos cuando decían que la agricultura engrandece el alma. Y la ennoblece.

Some do that due to obligation, as the labour market constantly lays off engineers, surveyors, architects or computer technicians, there are no work!, in short, but also due to devotion. Such is the case with Jorge – who appears in the picture -, a young from Balerma (Almeria, Spain), graduate in Sociology and post graduate in Agroecology at an Andalucian University. Jorge is now doing a PhD on the possibilities of ecological farming in the cultivation under plastic. And at the same time he wants to put it into practice in his own greenhouse. He wants to become a farmer. He tells me that he is so excited and he just put plastic, with his girlfriend’s help, on half a hectare in the lagoon of Adra (Almeria, Spain). Good luck, my friend, you have come to understand what the ancient Aristotelians described when they said that agriculture ennobles the soul. And it does.

El ladrillo ahora quiere hacer invernaderos

Al comienzo de la década pasada muchos empresarios agrícolas vieron en la construcción la nueva gallina de los huevos de oro. Alquilaron sus tierras, las vendieron, las abandonaron o simplemente las descuidaron creyendo que el ladrillo era dinero fácil e inagotable. Se vivía en una burbuja en la que parecía que los bancos regalaban el dinero y que siempre iba a haber gente para ocupar las miles y miles de casas que se levantaban sin pensar que la natalidad tiene un límite. Pocos años después el golpe ha sido mayúsculo: los bancos no dan un céntimo y las promociones de viviendas vacías se amontonan.

Intrusismo de ida y vuelta.

Ahora algunos de esos empresarios hortofrutícolas quieren volver a lo único que sabían hacer. Cultivar la tierra. Pero digo “algunos”, no todos los que hicieron el viaje, porque buena parte de ellos han caído en la ruina. Las deudas contraídas por la construcción proyectan una larga sombra. Intrusismo de ida y vuelta. Pero hoy día, principalmente durante estos últimos tres años, se está produciendo el fenómeno inverso. Los constructores y promotores, esos mismos que criticaban a los empresarios agrícolas que se metían en su negocio acusándolos de romper y desequilibrar el mercado inmobiliario, ahora son los que quieren entrar en el invernadero. Invertir. Sucede en todo el Poniente almeriense y también en el campo de Níjar. Allí varios grupos de constructores quieren levantar nuevos invernaderos. Explotaciones grandes. Dicen que ven en los periódicos grandes titulares sobre lo bien que va la agricultura y las exportaciones y piensan que es un sector en auge. Eso comentan.

Intrusismo de ida y vuelta.

Pero los agricultores, esos que solo han sido agricultores y nada más y que no quieren que se les llame ‘empresarios agrícolas’, hacen una mueca y responden: “Las cuentas no salen”. Y es que detrás de esas cifras de exportaciones, siempre crecientes, se esconde un mercado interior que no demanda producto. Y dentro del invernadero nadie descuenta de las grandes cifras las amortizaciones, los gastos de personal, los insumos y ese larguísimo etcétera que hace que al final de campaña los márgenes sean estrechísimos.

Posdata. Empresarios de la construcción inmobiliaria levantando un invernadero en la Sierra de Gádor (Poniente almeriense).

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