La huerta más tradicional. Al aire libre y en verano

Rosa

Caprino y viñedos ecológicos y ahora algunas instantáneas de las pequeñas huertas en la calle que jalonan las serranías en el mes de agosto. En la Alpujarra abundan las de tomate cherry, pero las fotos pertenecen a la misma sierra de los artículos del vino y las cabras: los Filabres.

Rosa con el calabacínLo que más he visto ha sido tomate gordo de ensalada, pero justamente es lo único que no retraté con la cámara. La dejé a un lado para ayudar a esta familia a coger los frutos antes de que se hiciese de noche.

En los valles de esta sierra se aprovecha en verano cualquier pequeña terraza (llanuras de pocos metros de largo y ancho) para sembrar de todos los hortícolas. Son para el autoconsumo y se lleva haciendo así desde generaciones y generaciones. En la zona que visité había brásicas, pepinos, berenjenas negras y rayadas, judías verdes, cebollas blancas y moradas, calabacín, rábanos e incluso ajos. Y por supuesto patatas. Rojas. ¡Ah, también me topé con algunos melones piel de sapo!

Un rato muy entrañable el que pasé con Rosa y Pepe. Gracias.

Pepe trabajando

Pepe   cebolla morada   pepino

brásicas   judías verdes

cebollas

patatas rojas   melones   calabacín

patatas rojas en la tierra

pimientos

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2 pensamientos en “La huerta más tradicional. Al aire libre y en verano

  1. “…los caballos salvajes, como he dicho, son los animales más asustadizos de las praderas, y a menudo corren en inmensas manadas. El caballo escapará, por lo general al acercarse un hombre a una milla de distancia. Los indios han de hacer un gran esfuerzo para capturar a estos animales, cosa que suelen hacer con el lazo, lanzado desde lomos de otro caballo, mientras galopan a toda velocidad. El lazo es un cuerda fuerte hecha de piel cruda, con un nudo corredizo en su extremo, que abierto unos cuatro o cinco pies es pasado por el cuello del animal y al ser tensado sofoca a este; y el indio, refrenando poco a poco a su propio caballo y tirando de la cuerda extendida, consigue al final derribar al animal, que cae por falta de aliento.
    El caballo queda entonces a merced de su capturador quien procede a atar las manos delanteras del equino y despues le anuda un cabestro con un nudo corredizo en el belfo, por detras de los dientes, mientras tiene la boca muy abierta luchando por respirar.
    En este momento se afloja el lazo, permitiendo que respire y en unos instantes, mientras el animal cobra fuerzas para levantarse ya tiene al indio al extremo del cabestro dispuesto a impedir que se ponga en pie. El caballo lucha por levantarse, pero solo puede levantar sus patas delanteras, que están atadas, y sigue todavia en posición sentado.
    Antes de que pueda levantar las patas traseras, necesita echar la cabeza bastante atras para tomar impulso, lo cual el indio puesto delante del animal le impide que haga; para esto echa el cuerpo atras y cargando todo su peso en el cabestro.
    Debido a sus muchos esfuerzos inútiles por levantarse, pues el caballo continua aún en posición sentado y con el indio acercadose centimetro a centimetro a su hocico y gritando tan fuerte como puede, el miedo del animal crece hasta grado maximo. El indio se acerca aún más, en el cabestro tensado y al final se pone a darle palmaditas al caballo en el hocico y, pasandole la mano suavemente por los ojos, empieza a soplarle dentro de los ollares (orificio nasal) con sus propias narices.
    Al cambio de un corto intercambio de soplidos, la relajación de los músculos del caballo y todos sus movimientos muestran que sus temores se han terminado, que reconoce en su capturador a un amigo en vez de un enemigo; y, conseguida esta avenencia, vemos al indio acariciarle las crines y el cuerpo, y en quince o veinte minutos lo vemos irse montado tranquilamente en él.
    Desde el mismo momento de esta inexplicable avenencia el animal parece no hacer ningun esfuerzo por escapar, sino que cobra apego a su amo, cuyo aliento reconoce.
    Yo he presenciado estas emocionantes escenas en numerosas ocasiones. Se necesita hacer un gran esfuerzo para atrapar al caballo, primero, y luego sobreviene una lucha que es cruel y penosa de contemplar; pero el exceso de fatiga, el espanto y el dolor real, seguidos por la dulzura y la ternura, parecen desarmar al fogoso animal y hacerle cobrar apego y lealtad a su nuevo amo.

    George Catlin
    “Vida Entre Los Indios”
    editorial Terra Incognita
    1994.

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  2. Buenas tardes… me alegra verte de nuevo Magán,
    Durante el verano es usual en estas serranías ver pequeños huertos colmados de júbilo, cuyos frutos lo visten con su alegre colorido, pero el entusiasmo es aún mayor para esos pequeños agricultores que hacen, por hobby o bien por tradición, pequeños trueques de su cosecha, intercambiando sabores, impresiones, comparaciones, de las frescas ensaladas, las sabrosas fritadas, las suculentas “papas a lo pobre”, exquisitas conservas, los socorridos tomates o pimientos secos durante el invierno, etc. Todo ello acompañado, cómo no, de un rico aceite de oliva, obtenido de la aceituna recogida en enero y por supuesto de ese vino propio, peleón, que conocemos como “del país”.
    ¿Practicamos truequing?
    Un saludo!!!!!

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