Berja. Del parral al invernadero. Y ahora olivos

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Era yo niño cuando en esta época del año era posible disfrutar en Berja, puerta de la Alpujarra junto con Dalías, de una buena sombra bajo cualquiera de sus cientos de parrales (¿o eran miles?). El verano era menos fatigoso y la frescura inundaba el ambiente. Al menos así me lo ha explicado Jesús Toro, un agricultor de Peñarrodada que me ha dejado entrar esta mañana en su cortijo. Allí he retratado algunos aperos de campo, botijos grandes y pequeños y diversas herramientas. Me ha recordado la casa de mis abuelos, en Pampanico.

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Luego me he acercado a su invernadero. Había gente trabajando. Y los primeros pimientos de la campaña 2014/15, que siempre empieza antes en la zona de Berja, Dalías y también en Adra. El invernadero era de plástico y de arena, pero a lo largo de la mañana he visto también algunos de tierra en Castala y varias estructuras de malla a su vez con mallas de sombreo.

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Al salir me he asomado a una cerca y ha observado el vestigio de lo que un día fue un parral. ¿Qué pasó con todo aquello?

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Me ha contado Jesús, y otros amigos que he conocido, que entre finales de los 80 y principios de los 90 se subvencionó el arranque de los parrales. No estaban seguros, pero creían recordar que se daba millón y medio de las antiguas pesetas por cada hectárea que se quitaba.

La reconversión fue hacia los invernaderos, que ahora jalonan toda la zona. Y cada vez más. Durante el recorrido por las distintas pedanías de Berja he visto una y otra vez nuevas construcciones de fincas, lo que me trae a la memoria el artículo que publiqué no hace mucho sobre la burbuja inmobiliaria convertida ahora en burbuja de plástico. Y entre bancal y bancal muchos olivos, muchísimos olivos. Quien no ha hecho un invernadero ha transformado su viejo parral en un pequeño huerto de aceite.

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José Garzón es otro vecino al que he conocido. Le he hecho una foto fuera del invernadero. Estaban limpiando de sandías la parcela para sembrar después pimiento italiano. Me ha hablado de su juventud, cuando hacía invernaderos en las Salinas de Roquetas de Mar, allá por el año 68. “¡Qué fortaleza!”, pensé. A sus años y todavía se le ve capaz de hacer cualquier labor. Yo no me veo así a su edad. Me ha descrito cómo era todo en aquellos primeros años de agricultura intensiva, cuánta imaginación había, cuántas ganas de trabajar, cuánta ilusión y qué grande se veía el mundo. Se probaba todo porque no se sabía nada.

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También he compartido un rato con su hijo, Francisco Garzón. Me ha dado su correo electrónico para luego poder leer en Internet lo que el periodista raro iba a escribir de él y de su padre. A Francisco le he tomado una fotografía en el tractorcillo (se ve casi hasta el polvo que levantaba la máquina).

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También he pasado por Benejí, San Roque y Alcaudique, todas pequeñas poblaciones virgitanas. A lo lejos he visto en un cerro placas fotovoltaicas, he pasado junto al negocio de un apicultor que vende miel ecológica y me he tropezado con algunos pastores por los caminos rurales. La España más profunda. Y mientras en Madrid se coronaba un Rey. ¿Vendrán alguna vez por estos lares sus nuevas Majestades?

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8 pensamientos en “Berja. Del parral al invernadero. Y ahora olivos

  1. Hoy nadie lo diría, pero Berja tiene una historia rica y antigua. Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX las minas de galena argentífera de la sierra de Gador y la uva del Barco la convirtieron en la población más importante de la provincia. Los parrales fueron los últimos en desaparecer, pero no tuvo nada que ver con las subvenciones por arrancarlos. A finales de los 70 coincidieron varios factores con resultados catastróficos, como una sequía que se prolongó durante interminables años pero, sobre todo, fue un avance tecnológico el que acabó con todo aquello.

    La uva de Berja era la única que podía exportarse a todo el mundo porque tenía una piel dura como un demonio (aunque los antiguos parraleros te arrancan los ojos si se lo dices) y una carne con una textura muy densa. Metida en barriles de madera aguantaba perfectamente la travesía de varios meses a sitios como la India o Australia. Pero en los años 70 se desarrolló la tecnología frigorífica, y con ella otras uvas como las italianas y griegas pudieron llegar a todos los mercados. Eran variedades de piel suave y pulpa más jugosa que conquistaron las preferencias de los consumidores. Mis antepasados se atrincheraron en una idea un tanto peculiar: “No voy a arrancar las parras y poner esas otras que en lugar de uvas dan churre porque todo el mundo sea tonto y las prefiera”.

    De todas formas, el empecinamiento de los parraleros tampoco fue determinante. Con tanta uva que ahora viajaba en camiones y barcos frigoríficos los precios se hundieron paulatinamente. Habían tenido una ventaja competitiva determinante con la que se hicieron grandes fortunas, y ahora esa ventaja había desaparecido. Cambiar a las nuevas variedades no les reportaba nada nuevo y tendrían que competir en desventaja con italianos y griegos que habían tomado la delantera. En realidad, la transición hacia los cultivos bajo plástico era inevitable.

    Si conocéis a alguien que aún conserve alguna parra de uva del Barco probadla. Yo comparto algo con aquellos parraleros testarudos: me gusta más que “la uva churretosa de los italianos”… jajajajaja.

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  2. Lástima, la desaparición de los parrales que formaban parte del paisaje de la zona, aspecto este el paisajístico , muy importante también para el desarrollo de las comarcas y los pueblos.

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  3. Berja puerta de la Alpujarra…una población tan señorial sin duda alberga un pasado cultural , historico y agricola,soy de la playa y todo lo que sé de Berja es de oidas y quiero contaros lo que me contaron,aquel trovo que empieza:
    “Un hombre tropezó en Adra…y en Dalias se cayó.
    En Berja se puso malo
    En Darrical se murió.
    lo enterraron en Beninar…y la misa fué en Turón.”
    Hace años fuí caballista,en aquellos dias mi religión era el caballo,comprabamos todos los aperos y atalajes en Berja,en la zapateria de Almendros,tambien nos reparaban cualquier compostura en cuero para la montura,cada semana nos subiamos a Berja los viernes por la noche,despues cenabamos en el Bar el Caete,fundado en el mil ochocientos y pico…rezaba un placa de piedra sobre la entrada,ahora como han arreglado la plaza porticada la placa se rompió,me contaba este invierno uno de los hijos de aquellos dos hermanos que nos atendian cuando yo era caballista.
    Recuerdo un tratante de bestias del que fuí buen amigo Paco “el Arcavieja” que ademas era herrador,recuerdo una discoteca en la salida sur que se llamaba “cortijo el Choncho” …de todo esto hace apenas veinte años,pero lo que mas se ve es el señorio de sus calles,las casas,los balcones,las rejas…me cuenta que en aquella epoca Berja fué la capital de provincia…pero tuvo que ceder porque Almeria tenia puerto de mar,cuantos oficios se perdierón con los parrales,cuando los invernaderos tipo “parral” comenzaban a en el campo se decia que las mejores cuadrillas eran los hombres de Berja,yo los ví años 70 haciendo “muertos” a mano,barrenando dos tios, uno sentado sosteniendo la barrena y otro dando con la almaina,daba miedo verlos.Mi madre me cuenta que de soltera fué trabajadora de la uva en Dalias,oficial de “embarrilar” se ponia una capa de serrin y una capa de uva,otra de serrin…otra de uva y el arte estaba en saber el traqueteo que precisaba el tonel para que todo quedase parejo y bien asentado.El oficio de tonelero…el de tapar el tonel una vez lleno,todo se conducia con bestias hasta el puerto,ademas todos los oficios relaccionados con el cultivo de la uva,el oficio de azufrador…el “engarpe” que era una polinización manual que aun se practica con cierto tipo de uva,tantos oficios que se comió la carcoma.
    A principios de los años 90 uno de nuestros caballos se enfermó por un mal de los cascos,se llama “infosura”,consiste en una congestion que hace que el caballo tenga unas fiebres muy fuertes,que se centran en los cascos especialmente en las manos..lo llevamos a Berja para que Paquito el Arcavieja lo curase y lo curó.La medicina consistia en meter el caballo dentro de un parral en una “parato” donde habia un nacimiento de agua que salia completamente helada,amarró el jaco del techo del parral sobre el mismo nacimiento de agua,de tal forma que durante varios dias estuvo el animal con las patas metidas en aquel agua helada,El decia:.- “no te preocupes muchacho,sed no va a pasar” y el caballo se curó y vivió muchos años más,tambien es cierto que el equino se comio todos los pampanos que estuvieron a su alcance.Siento un cariño especial por esa población y por sus gentes,por todos ellos.

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